Como la computación en la nube se basa en un gran número de tecnologías, se define mejor como un conjunto de características generales. Estas características no son válidas en todas las aplicaciones que se ejecutan en la nube, pero son los principios que las organizaciones persiguen al evaluar si se adopta un modelo de distribución basado en la nube:
 

Auto-aprovisionamiento elástico: Capacidad de computación adicional siempre disponible cuando surgen las necesidades. En otras palabras, las capacidades de los servidores son elásticas y pueden alquilarse o eliminarse en cualquier momento, auto-escalando de acuerdo a la carga necesaria.

 

Agilidad: La agilidad del negocio es la habilidad de éste para adaptarse rápidamente y con un coste efectivo y responder a los cambios en el entorno del negocio. Computación en la nube permite a los líderes del negocio disfrutar un nivel más alto de TI y agilidad del negocio a la vez que mantienen la capacidad de re-aprovisionar infraestructura tecnológica.

 

Esquema orientado a servicios de TI: La computación en la nube está orientada a las TI y a los servicios de negocio, en contraste con los sistemas tradicionales que están orientados a los modelos de servidores. En vez de hundirse por la complejidad de la administración de red de un entorno, la nube otorga agilidad al negocio y los usuarios podrán realizar las tareas administrativas más rápido.

 

Fiabilidad y tolerancia a fallos: Los entornos en la nube tienen redundancia interna ya implementada gracias al gran número de servidores que los constituyen. Beneficiándose de la geo-redundancia, los servidores están situados de forma estratégica en distintos lugares geográficos para paliar los efectos de interrupción del servicio.

 

Pago basado en el consumo: Los usuarios sólo pagan por los servicios que consumen, basándose tanto en subscripciones como en número de transacciones.

 

Guiado por SLAs: Las nubes se gestionan dinámicamente basándose en SLAs (acuerdos de nivel de servicio) que definen políticas como los parámetros de distribución, costes y otros factores adicionales.

 

APIs: Las nubes virtualizan los recursos en un servicio, lo cual implica la necesidad de una API (interfaz de programación de aplicaciones), desde la cual se controlarán y gestionarán los recursos.